Ciudad Juárez, Chih. 4 de enero de 2026.
El sistema de transporte semimasivo, conocido como Juárez Bus, ha vuelto al centro del debate, pero no por su eficiencia técnica, sino por ser utilizado como una herramienta de presión política. En una reciente columna de opinión, se analiza cómo este proyecto —vital para la movilidad de miles de fronterizos— ha sido «tomado como rehén» por diversos grupos de interés, desde concesionarios hasta actores políticos, en el arranque de este año.

La crítica apunta a que, a pesar de las promesas de modernización, el sistema sigue atrapado en una red de intereses que posterga el beneficio del usuario final.
Puntos clave del análisis
La columna desglosa la situación actual del transporte bajo tres perspectivas críticas:
- El Juicio Político: Se señala que las deficiencias en la implementación y la falta de unidades nuevas han sido utilizadas por la oposición para atacar la gestión estatal, mientras que el gobierno defiende el proyecto como una herencia compleja de administrar.
- El Pulso con los Concesionarios: Los transportistas tradicionales continúan resistiéndose a la integración total, utilizando el Juárez Bus como moneda de cambio para negociar tarifas y rutas, afectando la frecuencia y calidad del servicio.
- El Usuario en el Olvido: Mientras los actores políticos disputan el control del discurso, los juarenses enfrentan tiempos de espera prolongados y estaciones que no siempre operan al cien por ciento, convirtiendo el transporte en un «botín» en lugar de un servicio público.
El futuro de la movilidad
El análisis concluye que, si no existe una voluntad real de separar la agenda técnica de la electoral, el Juárez Bus corre el riesgo de convertirse en un elefante blanco. Para este 2026, la exigencia ciudadana es clara: menos retórica política y más camiones en las calles. La movilidad no debería ser un espacio de confrontación, sino el eje del desarrollo para una ciudad que urge de un sistema a la altura de su dinamismo industrial.
